Canto cardenche hoy

Atizando el fogón del canto cardenche en la era de la información

La datación de tragedias y corridos

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Una de las funciones primordiales del corrido popular mexicano —género en el que pueden clasificarse la tragedia cardenche y el corrido acardenchado— es la de fijar en la memoria colectiva, en ese lugar profundo entre la historia y la leyenda, un suceso relevante, un fenómeno o una acción extraordinaria: traiciones, catástrofes ferroviaras, hazañas heróicas, venganzas de amor.

Así, el puñado de tragedias y corridos acardenchados que se han venido conservando también han salvado del olvido otro tanto de anécdotas regionales ocurridas entre finales del siglo XIX y principios del XX. A la inversa, de acuerdo con su naturaleza historiográfica, corridos y tragedias se documentan a sí mismos: el hecho de que la anécdota que le da origen se corresponda con fuentes documentales o testimonios orales permitió a los autores del cancionero publicado por la Unidad Regional de Culturas Populares La Laguna fechar los siguientes:

  • Jacinto de la Cruz (1893)
  • El correo de San Miguel (1899)
  • Lauro García (1899)

El correo de San Miguel
Francisco Orona (primera), Andrés Adame (contralta) y Francisco Beltrán (marrana)
La Flor de Jimulco, 1986

En otros casos —como es común que ocurra en el corrido en general—, su origen en el tiempo (y a veces su autor real o putativo) está codificado en su propio contenido, como en estas tragedias:

  • «Año de mil ochocientos noventa y dos al contado…» (Silvestre Moreno o La muerte de Pablo González)
  • «Año del noventa y tres, de ese marzo atribulado…» (Catarino y Estanislao)
  • «Año de mil novecientos, de mil novecientos dos…» (Tragedia de Torreón)
  • «En mil novecientos trece, triste día, muy verdadero…» (Gregorio García)
  • «Mil novecientos catorce, presente por la ocasión…» (La Decena Trágica)
  • «En mil novecientos quince, como lo tengo presente…» (Cuando quemaron Cuencamé)

Silvestre Moreno (La muerte de Pablo González)
Heriberto Aguilera (primera), José C. Vaquera (contralta) y Andrés Galindo (marrana)
La Flor de Jimulco, 1986

Cuando no se dan las condiciones descritas (referencias a hechos documentados o fechas especificadas en la letra), resulta imposible datar la creación de una tragedia o corrido. De los recogidos en la obra citada, están en este caso:

  • Donato Cispado
  • Lauro García
  • Macario Romero

Macario Romero
Heriberto Aguilera (primera), José C. Vaquera (contralta) y Andrés Galindo (marrana)
La Flor de Jimulco, 1986

Por último, «Lino Rodarte» y «Pioquinto y Perfecto», las dos tragedias restantes del conjunto que recoge el cancionero, registran un día y un mes, pero para frustración de los investigadores de carácter obsesivo–compulsivo, ¡no dan el año!

El día cuatro de febrero
la desgracia sucedió:
agarraron preso a Lino,
su querida lo entregó.

Jueves día 7 de octubre,
en Menores ha pasado:
Perfecto y Pioquinto Pérez
a balazos se agarraron.

En el último caso, y si establecemos arbitrariamente como límite temporal el corto período que enmarca las tragedias que sí han sido fechadas (verbi gratia, entre 1892 y 1915): la inclusión del día de la semana nos permite saber que el duelo de estos personajes sólo pudo haber ocurrido en 1897, 1909 o 1915. Y dado que

  • el tema central de las tragedias y corridos fechados a partir de 1910 son los choques de las facciones revolucionarias, y que
  • hay un hueco de once años entre (1902 y 1913) en el que no se conserva ningún corrido,

aventuraremos la hipótesis de que el duelo de Pioquinto y Perfecto, motivado por conflictos no resueltos entre particulares «por el arroyo del agua», tuvo lugar en 1897.


Pioquinto y Perfecto
Francisco Orona (primera), Andrés Adame (contralta) y Francisco Beltrán (marrana)
La Flor de Jimulco, 1977
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Written by Rafael Pi

2015-10-07 at 04:53

Las cardenchas de La Flor

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La amarga vida de los peones en las haciendas latifundistas, antes, durante y después de la Revolución Mexicana (1910–17), ha sido equiparada repetidas veces con la esclavitud. Como ejemplo, los testimonios recogidos por Nadia Romero (2009, p. 62–68) en Sapioriz y La Loma (Durango).

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La ignominia de las condiciones de vida puede ponderarse por testimonios como los recogidos por Romero en La Loma (antigüamente, Hacienda de la Santísima Trinidad, propiedad de la familia Garde):

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Vecinos de La Flor de Jimulco me han referido en conversación que la misma situación se vivía cuando Amador Cárdenas era dueño de vidas y haciendas en todo el Cañón de Jimulco: los patrones solían organizar convites nocturnos en la Casa Grande a los que invitaban (con carácter obligatorio) a las mujeres del pueblo —solteras y casadas—, mientras que guardias armados mantenían a los hombres a raya. No es de olvidar que, como compadre de Porfirio Díaz, Don Amador tenía a su disposición a la temida Acordada (de esto también es registro la tragedia de Jacinto de la Cruz), que fue descrita de la siguiente manera por John Kenneth Turner en «México bárbaro»:

La Acordada es una organización secreta de asesinos, una especie de policía dependiente de cada Estado mexicano. Se compone de un jefe y de 6 a 50 subordinados. La Acordada suele eliminar a los enemigos personales del gobernador o de los jefes políticos, a los políticos sospechosos, a los bandidos y a otros de quienes se sospeche que han cometido algún delito, pero contra los cuales no hay pruebas. Los oficiales proporcionan los nombres de las víctimas, y los miembros de ese cuerpo son mandados con órdenes de matar silenciosamente, sin escándalo.

De acuerdo con el mismo testimonio, en estos durísimos trances, lo único que los peones podían hacer para no perder la vida, la familia y la razón era alejarse a toda costa de la casa del patrón, ir a las orillas del pueblo, al monte, a los cardenchales, a donde ya no se oyera la música de baile, encender un fuego, compartir una botella de aguardiente, unos cigarros… y cantar.

Los caracoles (La Flor de Jimulco, 1986)
Lozano / PACMYC, 2001 [5/19]

Francisco Orona, primera; Andrés Adame, contralta; Francisco Beltrán, marrana

Esta es la primer novedad que nos ofrece el trabajo de Lozano Chavarría: en La Flor no sólo se cantaban tragedias (que es lo único que se había publicado hasta el momento, en cantidad de 3), sino también canciones líricas, conocidas como canciones cardenches o simplemente cardenchas, como las de otras localidades. La analogía de la canción cardenche con la cactácea del mismo nombre, según la expresión de Francisco Orona, también es recogida por el etnomusicólogo, al hablar sobre la temática de la canción.

La canción cardenche
Lozano / PACMYC, 2001 [3/19]

Héctor Lozano Chavarría, alocución

Romero (2009) analizó la letra de 80 canciones cardenches de Sapioriz y La Flor para detectar temas recurrentes. Los cinco temas más frecuentes son los siguientes:

  • Cortejo — 35% (28 canciones)
  • Amor — 20% (16 canciones)
  • Separación — 20% (16 canciones)
  • Consejos — 17.5% (14 canciones)
  • Desprecio — 12.5% (10 canciones)

La querida (La Flor de Jimulco, 1986)
Lozano / PACMYC, 2001 [2/19]

Francisco Orona, primera; Andrés Adame, contralta

La jesusita (La Flor de Jimulco, 1986)
Lozano / PACMYC, 2001 [6/19]

Francisco Orona, primera; Andrés Adame, contralta

El desarrollo económico que vivieron los grandes propietarios nacionales y extranjeros durante el porfiriato, en parte fomentado por la consolidación y comunicación ferroviaria de las haciendas, provocó la inmigración de trabajadores hacia los focos industriales y de producción. Algunos investigadores relacionan el enriquecimiento del repertorio de cardenchas tradicionales (en toda la Laguna) con la introducción de canciones populares traídas por la fuerza laboral venida de otras regiones. Estudios filológicos aparte, esto nos permitiría explicarnos la mención, en letras de cardenchas, de:

  • lugares remotos — instalaciones ferroviarias y puertos, San Juan del Mezquital, Puebla, Francia, Alejandría
  • expresiones inusitadas en la región — redoma, lóbregos
  • términos marítimos y astronómicos — perlas finas, caracoles, sirenas, la estrellita marinera, la Estrella del Norte

«Los horizontes», grabada por Lozano Chavarría en La Flor de Jimulco, es un buen ejemplo. Como un caso único, esta canción ha venido a ser reinterpretada por agrupaciones no tradicionales diversas a lo largo de los años, como el conjunto de los hermanos Domene (1977), Los Folkloristas (2010) y el Taller de canto cardenche de Chihuahua (2012).

Cancionero-karaoke cardenche: Los horizontes
Lozano / PACMYC, 2001 [4/19]

Francisco Orona, primera; Andrés Adame, contralta; Francisco Beltrán, marrana
Héctor Lozano Chavarría, grabación (La Flor de Jimulco, 1986)

No sabemos con certeza cuántas canciones de la tradición de La Flor de Jimulco registró Lozano Chavarría. Las que se han compartido aquí son las únicas que se han publicado hasta hoy, lo que significa, muy probablemente, que son los únicos vestigios que se conocerán de este canto a la vida enmedio del dolor y la miseria.


Festividades de San Isidro Labrador en La Flor de Jimulco, 2014
© Refugio Agüero

En primer plano, la vía instalada durante el porfiriato para las industrias de Amador Cárdenas. La casa redonda, donde se realizaban labores de mantenimiento y retorno de los ferrocarriles, se consideró una señal de que La Flor estaba destinada a ser la capital económica de la Comarca Lagunera. Actualmente, esta posición la ocupan tres ciudades contigüas, ubicadas a 50 km de La Flor: Torreón, Gómez Palacio y Lerdo. Al fondo, lo que el tiempo ha perdonado de la antigua Casa Grande.

Próximamente, en Canto cardenche hoy: las tragedias o corridos acardenchados.

Written by Rafael Pi

2014-11-09 at 11:00

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El estudiante

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En 1986, Héctor Lozano Chavarría —entonces estudiante de la primer generación de la licenciatura de Etnomusicología de la Escuela Nacional de Música de la UNAM— realizó un conjunto de grabaciones y entrevistas in situ a cardencheros de La Flor de Jimulco como asignatura de la materia «Proyectos de campo». Lee el resto de esta entrada »

Written by Rafael Pi

2014-11-02 at 06:00

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La ausencia de La Flor

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Todo indica que, cuando la academia y las instancias culturales del Estado mexicano descubrieron oficialmente el canto cardenche —en el mismo sentido en que decimos que Colón «descubrió» América—, lo hicieron a través de la tradición de La Flor de Jimulco, población del Municipio de Torreón, Coahuila.

Panorámica de La Flor de Jimulco con el cerro de Sombreretillo en segundo plano (Refugio Agüero, 2014)
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Written by Rafael Pi

2014-11-01 at 00:01

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Ya se van las golondrinas

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La aeronáutica le debe un cardenchero a La Flor de Jimulco, Coahuila: Andrés Adame Cervantes (nacido en Huarichi, Durango, el 4 de febrero de 1920). Don Andrés quedó tan impresionado con su primer viaje en avión (a la ciudad de Monterrey, para una presentación del grupo de cantadores de La Flor), que fue víctima de afectaciones que lo postraron en cama, de donde finalmente no pudo levantarse. Este deceso resultó fatídico para la tradición de las cardenchas y tragedias en la zona del Cañón de Jimulco.

Cancionero-karaoke cardenche

Letra de la tragedia (corrido acardenchado) «El correo de San Miguel» sincronizada con el canto de Francisco Orona (primera), Andrés Adame (contralta) y Francisco Beltrán (marrana). Grabación de campo de Héctor Lozano Chavarría (La Flor de Jimulco, 1986).

Aquí, en formato de «revista electrónica», un vívido recuento de viajes que han resultado coyunturales, por diversas razones, en la carrera y la labor de difusión de los cardencheros actuales (es decir, los de Sapioriz).

Los Cardencheros: Del Río Nazas para el mundo

Artículo de Diana Leticia Nápoles con fotos de Francisco Rodríguez publicado en el suplemento «Semanario» del periódico «Vanguardia» (Saltillo, Coahuila), n° 444; 2014-09-22. Disponible en http://www.vanguardia.com.mx/loscardencherosdelrionazasparaelmundo-2170411.html

Por trabajar o por cantar, los cardencheros han viajado siempre.

Ya se van las golondrinas (Sapioriz, 1994)
Juan Sánchez, Antonio Valles y Genaro Chavarría

Canción cardenche tradicional incluida en «Canciones cardenches»; fonograma producido por la Unidad Regional de Culturas Populares de La Laguna y publicado originalmente, en 1994, en forma de audiocassette. La señal fue digitalizada rudimentariamente en 2012 por Rafael Pi a partir de grabaciones domésticas.

Written by Rafael Pi

2014-10-05 at 08:59