Canto cardenche hoy

Atizando el fogón del canto cardenche en la era de la información

La ausencia de La Flor

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Todo indica que, cuando la academia y las instancias culturales del Estado mexicano descubrieron oficialmente el canto cardenche —en el mismo sentido en que decimos que Colón «descubrió» América—, lo hicieron a través de la tradición de La Flor de Jimulco, población del Municipio de Torreón, Coahuila.

Panorámica de La Flor de Jimulco con el cerro de Sombreretillo en segundo plano (Refugio Agüero, 2014)

Dice Antonio Avitia (destacado músico, sociólogo, historiador y prolífico investigador de la cultura durangueña) en su Cancionero durangueño (2011) que

En el año de 1977, la etnomusicóloga Irene Vázquez Valle viajó a la Región Lagunera de los estados de Coahuila y Durango, donde se entrevistó con el líder campesino Arturo Orona [, nacido en Barrial de Guadalupe, criado en La Flor de Jimulco, quien] le confirmó de la existencia de una forma de canto tradicional a capella llamada canción cardenche[.] Orona ordenó a uno de sus hijos que llevara a la investigadora con los campesinos cantantes de canciones cardenches de Sapioriz, municipio de Lerdo, Durango.

Vázquez Valle realizó un conjunto de registros sonoros, tanto en Sapioriz como en La Flor, que junto con otras grabaciones conformaron el LP Tradiciones musicales de La Laguna. La canción cardenche (publicado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia en 1978). Por los siguientes 14 años, éste fue el único registro documental publicado en relación con el canto cardenche.

Aquí hay algo que no nos queda muy claro: Si el encuentro inicial se dió a instancias de Don Arturo Orona, ¿porqué éste habría dispuesto que la investigadora hiciera el recorrido de La Flor a Sapioriz, siendo que a) la tradicion también existía en La Flor, b) su hermano —Francisco Orona— era uno de los cantadores más destacados, y c) el mismo Arturo Orona ya era promotor activo, por iniciativa y con recursos propios, de la tradición cardenche de La Flor?

El hecho es que las cardenchas y tragedias que conservaban los cantadores de La Flor de Jimulco y Sombreretillo, Durango (comunidad vecina separada de aquélla por el río Aguanaval), entre otras poblaciones, se ven subrepresentadas —el disco sólo incluye la tragedia de Pioquinto y Perfecto—, y lo que es igualmente inexplicable: en las notas no se refieren los nombres de los cantadores.

CONACULTA-INAH-Pentagrama_1978_cuadernillo_07a

Aquí, la tragedia de Pioquinto y Perfecto, digitalizada a partir de la reedición en disco compacto de «Tradiciones…», realizada por el INAH en 2004 y publicada en YouTube por Emmanuel Pool. Las imágenes del video, así como la que antecede a estas líneas, corresponden al cuadernillo de notas de la misma edición.


La canción cardenche (Cenzontle, 1992) - portadaEn 1992, la marca Cenzontle (resultado de la colaboración de varias dependencias oficiales) publicó, a través de Discos Pentagrama, el audiocassette La canción cardenche (hasta donde se sabe, nunca reeditado). Incluye once grabaciones de campo hechas en 1986 y 1987 por Hilda Pous y Mario Kuri en La Flor y Sapioriz, de las cuales, dos son tragedias de La Flor. Se registran los nombres de los cantadores Heriberto Aguilera, Refugio Agüero (incidentalmente, el autor de la foto que encabeza este artículo) y Francisco Beltrán.

Aun suponiendo, como es razonable, que no todas las grabaciones realizadas por los investigadores fueron finalmente publicadas, es de lamentar la falta de registros sonoros del canto cardenche en la región de La Flor de Jimulco. Aunque se establecieron talleres de cantadores y la letra de trece tragedias fue compilada y publicada por la Unidad Regional de Culturas Populares La Laguna, a principios de los noventa sólo se habían publicado los registros sonoros de tres de ellas —ninguna cardencha (como se llama localmente a las canciones cardenches líricas), ningún canto «no profano» (caminatas, alabados, misterios, etc.). Al no existir dichos registros, y dado que las tonadas (es decir, el diseño musical de las voces) se transmiten exclusivamente por la vía oral, un acervo invaluable se perdió irremisiblemente con la desaparición de los viejos cantadores de La Flor —fundamentalmente, Francisco Orona, Andrés Adame y Francisco Beltrán, quienes ya habían muerto al alborear el siglo XXI.

Esta pérdida fue mitigada, parcialmente —inadvertida, milagrosamente—, por la labor de un estudiante que, como parte de sus asignaturas escolares, había realizado varias entrevistas y grabaciones de campo en La Flor de Jimulco, andando el 86: Héctor Lozano Chavarría.

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Written by Rafael Pi

2014-11-01 a 00:01

Publicado en Documentos

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